¿Puede la tecnología atar cabos para la evaluación del desarrollo?

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¿Puede la tecnología atar cabos para la evaluación del desarrollo?

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) forman parte de nuestra vida cotidiana. Estamos inundados de datos.

Junto a esta realidad convive otra: la de la pobreza y el hambre. Tres cuartas partes de las personas en situación de pobreza extrema dependen de la agricultura para su subsistencia y -según estimaciones de 2019- más de 820 millones de personas aún pasan hambre en el mundo. En este contexto desolador, el cambio climático deteriora -aún más- la seguridad alimentaria, agrava las amenazas para la salud, reduce la disponibilidad de agua e impulsa los desplazamientos de población. Es posible que nunca haya habido más jóvenes rurales conectados a través de sus teléfonos, pero también serán los que se verán más afectados ‑en términos económicos- por las consecuencias de la crisis climática.

Hoy en día, la velocidad a la que el mundo está cambiando requiere una nueva respuesta ya que tecnologías en auge como el análisis de macrodatos (big data), el aprendizaje automático y la teledetección brindan a los profesionales del desarrollo -en especial a los evaluadores- nuevas oportunidades, en particular para tratar de alcanzar los ambiciosos y complejos objetivos de la Agenda 2030. Para los evaluadores esto significa poder medir los avances realizados en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de una manera más rápida, económica y eficaz.

Por ese motivo, en 2017 la Oficina de Evaluación Independiente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (IOE, por sus siglas en inglés) organizó una conferencia sobre TIC aplicadas a la evaluación (ICT4Eval) que abordó la recopilación, análisis y difusión de datos, así como cuestiones intersectoriales relacionadas con el cumplimiento de los ODS.

Para proseguir este diálogo, un libro sobre tecnologías de la información y la comunicación para la evaluación del desarrollo (Information and Communication Technologies for Development Evaluation), que forma parte de la serie Routledge Studies sobre economía del desarrollo, reúne el trabajo de un equipo de expertos de la IOE para profundizar en este debate. Editado por mí mismo y el analista de evaluación Prashanth Kotturi, el libro analiza cómo se está mejorando la evaluación mediante la teledetección, los dispositivos y comunicaciones inalámbricas, la computación en la nube y el aprendizaje automático, considerando la importancia de la ciencia geoespacial para la recopilación de datos. El texto incluye estudios de caso fascinantes sobre misiones simuladas de recopilación de datos sobre el terreno, elaboración de mapas humanitarios e intercambio de datos en tiempo real.

El libro -que solamente presenta una selección de herramientas TIC- intenta dar también respuesta a algunas de las preguntas más acuciantes. ¿Cuál es la mejor forma de utilizar las tecnologías actuales para generar, recopilar y analizar datos? ¿Están los evaluadores correctamente capacitados para utilizar estas tecnologías? ¿Cuál es la manera más adecuada de reflejar los efectos reales de los ODS? Y lo que es más importante, ¿qué aspectos éticos plantea para las personas vulnerables -cuyas vidas se están analizando cuando se utiliza la tecnología para la evaluación- el creciente uso de las TIC?

Los ODS y su principio rector de “no dejar a nadie atrás” presentan enormes oportunidades y desafíos para la comunidad mundial de evaluación. Los evaluadores deben cambiar su enfoque: en lugar de determinar quién se ha beneficiado, deben utilizar la tecnología para identificar mejor quién se ha visto excluido y cuáles han sido los motivos para ello.

Marco Segone, Director de la Oficina de Evaluación del Fondo de Población de las Naciones Unidas, destaca que los ODS están relacionados entre sí -uno de los vínculos más fuertes se establece entre los objetivos que hacen referencia a la pobreza y desigualdad- que la integración y coherencia de las políticas en los diferentes sectores -así como las alianzas sólidas- son más importantes que nunca.

Michael Bamberger examina cómo el análisis de macrodatos podría contribuir a subsanar las carencias de información. Concluye que, a pesar de los obstáculos que es preciso superar y las nuevas habilidades necesarias, los macrodatos tiene un gran potencial para la evaluación. Sin embargo, el factor humano intrínseco a las asociaciones y las aptitudes complementarias continúa siendo sumamente importante.

Las cuestiones éticas que plantean las TIC son analizadas por Linda Raftree e incluyen la privacidad, la inclusión y el sesgo.  Si bien la tecnología nos puede acercar al mundo, también puede agrandar las desigualdades ya existentes. La privacidad, el acceso equitativo y los sesgos son preocupaciones que han evolucionado junto a la tecnología. La creciente complejidad de los macrodatos -así como la privacidad, protección y seguridad de los datos- requieren un esfuerzo para desarrollar sistemas, habilidades y conocimientos éticos necesarios con el fin de evitar cualquier posible perjuicio para la población más vulnerable.

El libro concluye con un análisis de las consecuencias más generales de la tecnología para las naciones y los asociados para el desarrollo, y examina cómo están abordando ambos la decisiva influencia actual de la tecnología en el cambio económico mundial. Si bien las TIC pueden aumentar la sostenibilidad de la actividad económica y crear prosperidad para un mayor número de personas, estos cambios corren el riesgo de dejar atrás a los sectores más débiles de la población. Entonces, cabría argumentar: ¿por qué debemos centrarnos en las TIC? Porque la tecnología puede ampliar el alcance y agilizar la recopilación y análisis de datos.  Si se utiliza de manera adecuada, también pueden conseguir que las opiniones de la población más vulnerable tengan mayor eco. De cara al futuro, la pregunta es: ¿pueden los asociados para el desarrollo estar a la altura y garantizar que la tecnología beneficie a la población en general?

Espero que este libro aporte perspectivas valiosas y plantee preguntas adicionales sobre la evaluación del desarrollo a investigadores, profesionales y responsables de la formulación de políticas. Las organizaciones deben preguntarse cuál es la manera más adecuada de invertir recursos limitados para obtener el mayor beneficio posible de las TIC, y los profesionales deben desarrollar sus habilidades. Sobre todo, los evaluadores deben seguir considerando a las personas como el elemento central de su trabajo. Se acaba el tiempo para alcanzar los ODS. La tecnología y los ODS no esperarán a nadie, y las necesidades de la población rural pobre continúan siendo acuciantes. ¡Ha llegado la hora de cambiar el statu quo!