Los jóvenes y la agricultura: ¿qué podemos aprender de las evaluaciones?

©FAO/ Tamiru Legesse

Desde la comunidad EvalForward Los jóvenes y la agricultura: ¿qué podemos aprender de las evaluaciones?

La juventud está cada vez más desconectada del sector agrícola, a pesar de algunos esfuerzos realizados en los últimos años para fortalecer ese vínculo.

Recientemente propuse una discusión con la comunidad EvalForward sobre el creciente distanciamiento entre los jóvenes y la agricultura, y sobre cómo aprender de las evaluaciones para avanzar en este tema. Para estimular la discusión de EvalForward se plantearon cuatro preguntas fundamentales: ¿Están suponiendo alguna mejora las evaluaciones relacionadas con los jóvenes y la agricultura, o no? ¿Realmente percibimos un cambio en la forma en la que se introduce a la juventud a la agricultura? ¿Hemos aprendido alguna lección -relacionada con los jóvenes-  que deberíamos incorporar a todas las iniciativas? ¿Cuáles son las dificultades y desafíos?

Participantes de numerosos países y contextos compartieron experiencias de trabajo con jóvenes en la agricultura, desafíos a los que se enfrentan y lecciones aprendidas de las evaluaciones de proyectos relacionados. En la discusión surgieron diversos temas fundamentales:

  • Reconocer la diversidad. “Juventud” es un término colectivo para referirse a los jóvenes.  Al igual que sucede con cualquier grupo de población, suponen un conjunto de experiencias muy variadas. Existen numerosos jóvenes que aún se dedican -con gran entusiasmo- a la agricultura, e incluso lideran enfoques nuevos e innovadores. Cada programa y proyecto son diferentes y dependen del lugar, la economía rural y urbana relacionada y el tipo de agricultura en cuestión. Por tanto, no se deben generalizar los enfoques para introducir y apoyar a los jóvenes en la agricultura: requieren atención específica. El informe de síntesis de evaluación (ESR, por sus siglas en inglés) de 2014 del FIDA sobre jóvenes rurales concluyó que la falta de creación de capacidad juvenil está unida a una mayor necesidad de garantizar la seguridad alimentaria y transformar el sector agrícola en una alternativa profesional más segura.
  • Asociar el trabajo agrícola a una “empresa” -y no a una “granja”- ofrece diversas oportunidades. Es posible que los jóvenes no se incorporen al sector agrícola al considerar que está destinado a la población sin estudios, se limita a realizar trabajos arduos y no proporciona ingresos suficientes. Transformar la percepción de la agricultura en una vocación esencial que pueda incorporar nuevos enfoques y valor añadido puede revitalizar el interés por el sector agrícola. Basándose en experiencias previas, los participantes pusieron de manifiesto la necesidad de modificar el lenguaje que utilizamos al hablar sobre trabajo agrícola. La agricultura debería considerarse como “iniciativas empresariales agrícolas”, y las explotaciones, actividades empresariales importantes. Los participantes sugirieron la necesidad de incorporar la educación agrícola a los planes de estudio escolares para cambiar esta percepción, así como proporcionar apoyo e incentivos para atraer a los jóvenes al sector. Un participante destacó que “quienes se dedican a producir alimentos consiguen crear y mantener todo lo que valoramos como seres civilizados. Por tanto, la participación en actividades agrícolas debería estar muy bien valorada”. Otro participante hizo hincapié en la migración de los jóvenes indonesios a esferas del sector agrícola más acordes con sus intereses, como el apoyo técnico y las operaciones comerciales.
  • Incrementar la inversión destinada a intereses y desarrollo juveniles.  Los resultados de las evaluaciones demuestran que es necesario invertir en los intereses, desarrollo y capacidades de los jóvenes para animarles a incorporase -o continuar trabajando- en el sector agrícola. Numerosos programas nacionales no abordan los intereses de los jóvenes rurales de modo específico, por lo que suelen pasar por alto el potencial del sector agrícola. Por ejemplo, un análisis del FIDA concluyó que 17 de las 57 políticas nacionales juveniles de diferentes países no incluían referencia alguna a los jóvenes rurales. Tal y como explicó un participante, “los países en desarrollo sólo podrán beneficiarse de sus jóvenes si se realizan inversiones adecuadas para desarrollar su capital humano y proporcionarles oportunidades de trabajo decente”. En relación con lo anterior, otro participante destacó la necesidad de acelerar el desarrollo rural y ampliar las oportunidades en el sector agrícola (véase el Informe sobre el desarrollo rural 2019 del FIDA). Crear capacidad y fortalecer el desarrollo de aptitudes pueden impulsar a los jóvenes rurales -en particular aquéllos con un nivel educativo más bajo- a seguir trabajando en la agricultura.
  • Afrontar los desafíos y poner en marcha estrategias específicas para abordarlos. El descenso de la participación juvenil en el sector agrícola es habitual en numerosos países. Mantener el interés de la juventud por este sector plantea algunos desafíos, en particular en lo que respecta a las expectativas de empleo -mayor remuneración y trabajo no tan arduo- asociadas a las zonas urbanas. Un participante reflexionó sobre su experiencia tras ser disuadido por su familia de convertirse en productor de coco al tener formación universitaria. Otros participantes en la discusión señalaron que muchos jóvenes se marchan de las zonas agrícolas en busca de trabajos administrativos o atraídos por las “brillantes luces” de las grandes ciudades. No sólo para poder disponer de mejores oportunidades, sino para escapar también del estilo de vida conservador que suele existir en las comunidades agrícolas. Un proyecto reciente sobre juventud y agricultura –con la participación conjunta de la FAO, el FIDA y el Movimiento internacional de la juventud agraria y rural católica (MIJARC)- concluyó que los jóvenes estarían más dispuestos a trabajar en el campo si se les proporcionara apoyo y oportunidades para superar los obstáculos del sector.

Esta discusión y los resultados de las evaluaciones demuestran que es posible que los jóvenes se sigan dedicando a la agricultura en el futuro. Sin embargo, es necesario que las recomendaciones transmitan ‑con claridad- las lecciones aprendidas, a fin de comprender mejor sus necesidades y aspiraciones concretas en zonas y sectores específicos. Lograr que los jóvenes se dediquen a la agricultura requiere esfuerzos específicos para garantizarles la capacidad, conocimientos, habilidades y servicios de apoyo adecuados que les permitan involucrarse activamente en el sector a largo plazo.