Estamos evaluando una situación cambiante

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©WFP/Salah Malkawi

Estamos evaluando una situación cambiante

Julia BettsEntrevistamos a Julia Betts, consultora independiente de evaluación, que trabaja actualmente en la evaluación de la respuesta del Programa Mundial de Alimentos (PMA) a la Covid-19.

Comparte sus puntos de vista sobre lo que se debe tener en cuenta al diseñar una evaluación, los desafíos que supone generar información en tiempo real, y las formas innovadoras de informar a la población afectada sobre las conclusiones extraídas.

Se están realizando evaluaciones de las respuestas a la Covid-19 en numerosos países y organizaciones. ¿Qué factores deben tenerse en cuenta para acometer una evaluación de la Covid-19?

Se deben considerar múltiples aspectos. En primer lugar, los organismos están ya sobrecargados tratando de implementar su respuesta. Hay que pensar bien cómo reducir la carga de trabajo de su personal. En segundo lugar, el diseño debe tener en cuenta cómo se puede contribuir al aprendizaje sobre la marcha: muchas evaluaciones de envergadura tardan varios meses o un año en llevarse a cabo, un plazo demasiado tardío cuando la respuesta de las organizaciones es rápida. Por lo tanto, es conveniente generar evidencias a medida que se realiza el estudio. En tercer lugar, es preciso identificar qué puede hacerse a distancia y cuándo es verdaderamente necesario un estudio de campo, en caso de que éste se pueda llevar a cabo. Y, por último, siendo muy conscientes de la velocidad de la respuesta, estamos evaluando —a todos los efectos— unas circunstancias cambiantes. Es necesario desarrollar una metodología que refleje este dinamismo.

Los desafíos que plantea la Covid-19 a las evaluaciones independientes y fiables están bien documentados, pero ¿existen también oportunidades para el cambio? ¿Cómo cree que evolucionará la práctica de la evaluación?

La evaluación es una disciplina que está evolucionando de forma muy rápida. Actualmente se hace mucho hincapié —vinculado a la reforma de las Naciones Unidas— en la labor de evaluación coordinada; por ejemplo, existe una coalición internacional sobre evaluación, auspiciada por el Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD) de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Hoy en día, la demanda de información “en tiempo real” es elevada, a fin de contribuir a la rendición de cuentas y al aprendizaje. Se está trabajando mucho en la manera de llevar a cabo evaluaciones a distancia, utilizando datos o encuestas de seguimiento realizadas de forma remota.

Espero que podamos conservar algunas de las buenas prácticas que han surgido de esta situación forzosa —como el trabajo coordinado y el aprendizaje de las tecnologías a distancia— e incorporarlas en el futuro.

En lo que respecta a “cerrar el círculo del aprendizaje”, ¿cuáles son las mejores formas de involucrar a la población afectada e informar sobre las conclusiones extraídas?

Existen numerosas maneras diferentes de hacerlo: vídeos, grupos de discusión, etc. Sin embargo, lograr que las conclusiones de una evaluación de políticas sean pertinentes para un grupo focal de beneficiarios —entrevistados en Homs (Siria) y asistidos a través de un socio cooperante, por ejemplo— puede ser complicado. A menudo, no conocen directamente el organismo internacional que está siendo evaluando.

Creo que se trata de analizar qué grupos se beneficiarían en mayor medida de la información sobre las conclusiones de la evaluación ­y cuáles­ son más útiles para este propósito, a fin de desarrollar posteriormente productos adaptados. Los socios cooperantes locales tal vez quieran conocer las conclusiones sobre la asociación, mientras que los beneficiarios quizás deseen saber cuán oportuna fue la asistencia y si satisfizo sus necesidades. Así que [la clave es] adaptarse a las necesidades/beneficiarios.

¿Cuál es el mayor desafío al que se ha enfrentado como evaluadora y cómo lo ha gestionado?

El que me viene a la memoria es la Fase 2 de la Evaluación de la Declaración de París en 2011. Hubo tantos retos: fue la mayor evaluación de ayuda jamás realizada, con más de 50 estudios en más de 20 países, 11 revisiones de donantes, estudios especiales, etc. El Grupo de Referencia Internacional estaba formado por 52 miembros.

No tenía experiencia en síntesis internacional en aquel momento, y el proyecto fue un auténtico desafío. Tuve mucha suerte ya que el jefe de equipo y el gerente de la evaluación eran extraordinarios, algo que me ayudó mucho durante todo el proceso.

¿Cuáles son los conocimientos prácticos que en mayor medida debería tener un evaluador para realizar su trabajo?

Aparte de los conocimientos técnicos, creo sinceramente que llevarse bien con la gente resulta fundamental. Hay que recordar que la respuesta que evaluamos es —en última instancia— el trabajo de las personas, que se desarrolla a menudo en condiciones muy difíciles. Según mi experiencia, tratar a la gente y a su trabajo de manera respetuosa hace que el proceso de evaluación sea mucho mejor y —en el fondo— más útil.

Habiendo participado en numerosas evaluaciones en todo el mundo, ¿qué aspectos de su trabajo le resultan más gratificantes? ¿Qué le motiva?

Supongo que mi compromiso es similar al de la mayoría del personal humanitario. A fin de cuentas, tanto los evaluadores como los empleados de los organismos tratamos de hacer lo mismo: ayudar —a nuestra manera y en la medida de nuestras posibilidades— a quienes necesitan apoyo humanitario y mejorar su situación.

Creo que uno sabe cuándo ha encontrado su lugar. Cada estudio es muy diferente y tiene su propio interés. Pienso que mi actividad profesional es la más interesante y gratificante que jamás podría haber imaginado.